Mis dos exámenes cuadraban el mismo día, toda una faena. Hacía cuatro años que no me tocaban así y ya no estaba acostumbrada a estudiar distintas asignaturas para la misma fecha. Además, mi ánimo pasaba por momentos muy bajos y el sueño se apoderaba de mis párpados sin compasión. A pesar de ponerme un horario, de levantarme a las 10, comer a las 2:30 e ir a dormirme a la 1, era incapaz de concentrarme. No tuve ruidos ni me molestaron, pero no era capaz de prestar atención más de una hora seguida. Fuera los días parecían reírse de mí, con ese sol brillante que se colaba por mi ventana mañana tras mañana y el poco frío para esta época del año. Todo invitaba a salir, a pasear, mientras la vida seguía su curso y yo me recluía entre las 4 paredes de mi habitación. Los días pasaban entre hojas de papel teñidas de escarlata, búsquedas de identidad y rebeliones contra la sociedad… si, estudiaba literatura Norteamericana. Con cada línea podía sentir el desasosiego de los personajes de Chopin, la tenacidad de Hester a través de Hawthorne o la violencia sufrida por los esclavos. Y, sin embargo, no conseguía que me motivase. Sociolingüística estaba quedando un tanto de lado, luego me pondría con eso.
La monotonía acabó por ponerme de mal humor y, sin pretenderlo, mi lado agresivo salió de su escondite. Una sola palabra bastó para que explotara, sacando a relucir problemas anteriores que había decidido pasar por alto. Mil sentimientos contradictorios se peleaban por sobrevivir… le hice daño a alguien sin pretenderlo, pero ya no aguantaba más, necesitaba sincerarme tanto con esa persona como conmigo misma. Poco a poco, las aguas volvieron a su cauce, pero ya no será lo mismo. El día 25 se acercaba peligrosamente, mientras los tópicos de literatura dejaban paso a las diferencias sociolingüísticas de la lengua. El final de mi agonía llegó… de 9 a 11 examen de lengua, una hora de descanso y examen de literatura de 12 a 14. Me sentía con el corazón en un puño y el estómago me daba vueltas del nerviosismo, pero cuando me di cuenta, ya era libre…
Las chicas y yo fuimos al Hub a comer, Belén se reía sola de lo contenta que estaba por terminar. Ahora tocaban un par de días de relax y disfrute en Aberdeen, antes del viaje de fin de semana que teníamos preparado. Nuestro próximo destino era…… Dublín!