martes, 16 de noviembre de 2010

Halloween, Guy Fawkes y essays


Antes de nada, perdón por el retraso. Sé que tardé mucho en volver a escribir, pero los ensayos me ocuparon mucho tiempo.

Esa semana y la siguiente fueron dedicadas a los trabajos de la uni. Las clases igual que siempre, Celi y yo nos encontramos atrapadas entre lenguas pidgin y la poesía de Whitman. El tiempo se ralentizaba por momentos, sobre todo en las clases prácticas de Norteamericana. Luego, sin avisar, no sólo retomaba su ritmo normal, sino que provocaba el efecto contrario. Cuantas menos ganas de trabajar, más rápido se pasaba el tiempo. Se me hacía tan difícil abrir los libros y empezar… la pereza podía con mi ánimo y con mi voluntad. Los días fueron pasando y cada vez el final de Octubre se hacía más tangible. Ese miércoles tampoco fuimos a esgrima porque la International Society organizó un Ghost Walk. Nos reunimos Celi, Shayla, Miguel, Rosa, María, Belén, Masun con sus dos amigas que venían de visita y yo para atravesar Seaton Park. Sin luz que nos guiase, era una buena manera de comenzar nuestro paseo fantasmal, algo digno de Halloween. Muertas de miedo o de risa, a las 9 nos reunimos delante de Elphistone Hall, uno de los edificios más antiguos de la universidad, para dar un paseo de una hora por el campus de la mano de los fantasmas de la ciudad. Imposible no pensar que como buena ciudad escocesa, Aberdeen también tiene su pasado turbulento. Nos llevaron a King’s college, donde una chica empezó a relatar la historia de la universidad y del primer fantasma que, cómo no, murió en el mismo sitio donde nosotras asistimos a las tediosas clases prácticas de Norteamericana. Sería posible que el espíritu le diese un poco de brío a la clase? Lo dudo… El frío hizo presencia, el viento jugueteaba con las bufandas e hizo volar algún sombrero de copa. Ni con magia nos habría salido tan bien la ambientación. La siguiente historia estaba ligada a los ladrones de cuerpos que, una noche, se llevaron un buen susto al descubrir a su víctima todavía viva. Pasamos por un pequeño cementerio y entramos en él. El suelo estaba mojado y olía a tierra. Allí hubo una catedral para estudiantes y, según la leyenda, el último en morir era el custodio del camposanto. Al ser construida la otra catedral, ésa dejó de utilizarse, y el último estudiante que reposó allí se ganó el puesto eternamente, por lo que acecha en las noches para que alguien lo releve. Por último, fuimos guiados hasta la iglesia al lado de Seaton Park, donde uno de los magos más grandes del mundo (después de Merlin), burló a la Muerte por siempre y seguirá vivo hasta que todos los estudiantes de Aberdeen seamos puntuales por la mañana. Regresamos a casa y bajamos al Watering. Algunos marcharon al centro, nosotras nos quedamos.

Jueves pasó igual que los días anteriores, y viernes llegó con alegría. Esa tarde quedamos para ver una peli en Adam Smith, la residencia de María y Belén. Clásico para esa noche: Psicosis. Con palomitas, gominolas y sidra la acción terminó y fuimos a casa para cenar y prepararnos. Esa noche tocaba fiesta de disfraces! Dos calabazas, un par de brujas, un chico calavera y dos góticas nos encontramos en el centro con Dracula y dos novias (Iván, Itziar y Laura) y nos lo pasamos de mieeedoooo!!

Sábado y domingo en casa a vueltas con los essays. Sólo bajamos al Watering un ratito y nuestra vida social terminó. La semana siguiente era de clases no presenciales, para que tuviésemos más tiempo con los trabajos. Y menos mal… Fue el agobio del siglo, casi que prefiero currar todos los días un poco y no sentirme tan presionada durante una semana. Recluida en mi habitación con la música y las palomitas como únicas compañeras, las horas pasaban y con ellas mi dolor de cabeza aumentaba. Con los ojos rojos, Irvin y Poe iban desfilando a través de los libros. Rodeada de literatura gótica durante días, caía rendida en la cama por las noches, con sueños turbulentos, y despertaba sin haber descansado bien. Lunes, martes, miércoles y jueves, uno tras otro, pasaban a medida que me iba acercando al final de mi trabajo, sólo conectada con la realidad gracias a visitas fugaces al facebook y al tuenti. Ese viernes era la fecha tope. A las 3 de la tarde, entregamos nuestros trabajos, sintiendo un alivio profundo en el pecho. Esa noche era 5 de Noviembre, la noche de las hogueras: “Remember, remember, the 5th of November”. Era la fiesta nacional de Guy Fawkes y el ayuntamiento de Aberdeen echaba fuegos de colores en la playa. Nos juntamos un grupo y allá fuimos. A las 8, miles de relámpagos de colores estallaban en el cielo oscuro, al ritmo de la banda sonora de Piratas del Caribe, Carmina Burana y un poco de tecno que le quitó magia al momento. Pero una vez acabados los fuegos, pensamos que encenderían hogueras. Pues no, fue una decepción bastante grande. Paramos en The Bobbin, un pub donde encontramos a Jasna y a Carlota, otras filólogas españolas. Volvimos a Hillhead y continuamos la fiesta en mi piso y, cómo no, hicimos una visita obligatoria al Watering. El sábado y el domingo fueron dedicados al siguiente essay: historia de Galicia. Mi mente se tiró de cabeza buscando nuestro origen, nuestra época de esplendor, nuestro dolor como pueblo humillado, nuestro levantamiento, nuestra lucha. Fueron los días más reveladores de todo este tiempo, me di cuenta de muchas cosas. Siempre tuve un especial cariño por mi tierra, pero nunca pensé que fuese tan grande. Yo buscando mi futuro alejándome de ella cada vez más, sin darme cuenta de que mi corazón quedaba atrás. Tuve que parar de hacer el trabajo para dar rienda suelta a tantos sentimientos que se estaban acumulando, y decidí escribir:

“A miña alma revelouse, o corazón comprimiuse e a morriña dominou o meu cerebro completamente. Mirando o ordenador, onde as glorias pasadas do galego e a súa seguinte decadencia estaban escritas, unas bágoas transparentes empezaron a esvarar polas miñas meixelas, ó compás da música de Carlos Núñez. Cómo puiden esquecer tantos sentimentos? Si, cheguei a Escocia buscando algo e agora xa sei qué é: o meu lugar. A ironía continúa, teño que vivir a miles de quilómetros para darme conta de a ónde pertenzo. Agora recoñezo que non importa onde me leven os pés, dalgunha maneira Galicia sempre virá comigo, esperarame pacientemente e me recibirá cos brazos abertos. Ver a ría dende o bus, as torres da catedral de Santiago, cheirar a salitre e a brea no verán, todo iso indícame unha soa cousa … estou na casa.”

Estoy perdida, no sé qué será de mi vida una vez termine la carrera. Hay tantas opciones y en direcciones opuestas que mi futuro no puede ser más incierto. Pero no voy a ponerme a calibrar eso ahora. Haciendo caso del Mr Hyde que llevo dentro, continuaré con lo que vine a hacer aquí. Gracias a Cris y a Chave, por hacerme ver tantas cosas sin saberlo vosotras. Puede que me esté encontrando a mi misma también…

sábado, 30 de octubre de 2010

Relax y St Andrews


Una nueva semana llegó y con ella ensayos para clase. Es uno para cada asignatura y equivalen al 35% de la misma. Una vez escritos, tendremos que pasarlos por un sistema de la universidad anti-plagio y después enviarlo al departamento de lengua y literatura. Hasta ese momento no había pisado la biblioteca para nada y no está mal. Es un edificio bastante grande con 4 plantas, tiene películas y música además de libros y las estanterías parecen no acabarse nunca. Echamos toda la mañana del martes para buscar los libros que nos hacían falta y acabamos tardísimo. Dato curioso: te dejan llevarte hasta un máximo de 20 libros! Con dos torres impresionantes en nuestros brazos, nos encaminamos al Hub para comer algo. El comedor estaba cerrado, así que cogimos un bocata en el Subway. Allí encontramos a Sven, un alemán muy majo que conocí la primera semana. Él también volvía a la resi y nos ayudó a cargar con los libros. Sólo verlos apilados en mi mesa ya me dio bajón. El miércoles no fuimos a esgrima, yo me encontraba muy cansada y algo choff. Fue una semana particularmente tranquila, en casa, empezando a leer sobre la literatura gótica americana y su estilo narrativo (Irvin y Poe). También tenemos que hacer un project para Norteamericana, las exposiciones serán la última semana de curso. Ese jueves el profesor de prácticas hizo los grupos del project e intercambiamos e-mails. En el mío estamos Celi, Masun y yo con Robin (un chico de Newcastle) y con un chico escocés del que no recuerdo su nombre.

Algo que se me olvidó comentar y que fue muy divertido: mi primer viaje en bus urbano en Aberdeen. El que sale de las residencias al centro es de 2 pisos, siempre es el mismo bus. Celi yo lo cogimos la primera noche que salimos por el centro y subimos al piso de arriba. Nos sentamos en los primeros asientos, con todo el cristal delante. Antes de nada mencionar que el trayecto es bastante complicado, se mete por el campus, por carreteras adoquinadas y estrechas. Íbamos charlando animadamente cuando el bus arrancó como una bala y giró al salir, chocando frontalmente con una pedazo rama importante que se estrelló contra el parabrisas de arriba. Imaginaros el susto que nos pegó y más cuando vimos que el conductor seguía todo tranquilo. No había roto nada, pero no era algo que te esperas. Fue así todo el trayecto, golpeando ramas a su paso, que estallaban una y otra vez ruidosamente delante de nuestras caras, mientras nos reíamos sin parar. Y yo que me quejaba de la forma de conducir de los portugueses… Ese viernes por la noche bajamos al Watering Hole y después de cerrar continuamos por las residencias. Encontramos de nuevo a Matt, el eslovaco que me preparó el capuccino. Estaba con unos amigos y nos los presentó. Fue también una buena noche. Solo una frase… insert coin!!

A la mañana siguiente volvimos a ir de viaje con la International Society, esta vez a un pueblo costero entre Aberdeen y Edimburgo llamado St Andrews. Con nosotras venían también un grupo de españoles: Belén, Shayla, Miguel, Rosa, María, Itzíar, Laura e Iván. En el bus, me senté en la ventanilla, puse música y miré el paisaje, como siempre. Skillet, We are the Fallen, Paramore, Flyleaf y 30 Seconds to Mars fueron mi banda sonora durante las dos horas de trayecto. Sé que un momento me quedé dormida y cuando abrí los ojos, el sol se colaba por la ventana y a través del cristal pude ver campos preciosos de hierba verde reluciente. El monitor dijo que estábamos llegando. St Andrews es famoso por varias cosas: a pesar de ser un pueblo pequeño, tiene la universidad escocesa más antigua y la 3º de UK, después de Oxford y Cambridge; tiene los mejores campos de golf de toda Escocia y unas ruinas medievales dignas de ver. Las colinas se sucedían unas a otras mientras Tear the World Down iba sonando en mis oídos. Es una melodía apropiada para el sitio, sólo quedan ruinas de lo que fue un imponente castillo, una majestuosa catedral gótica y su cementerio. El Mar del Norte golpeaba con fiereza las rocas desde las que se erigen los restos del castillo y el viento era increíblemente fuerte esa mañana. Los abrigos y las bufandas no bastaban, pero era tan bello que valía la pena. Nos dividieron en 2 grupos y una guía nos llevó por el pueblo, mientras nos hablaba de la universidad (que por cierto, tiene una headmaster mujer por primera vez en la historia), de la Reforma en 1560 por la cual se rompía definitivamente con Roma, las luchas entre católicos y protestantes… tuvimos tiempo libre para comer y tomar un café y hasta vimos una boda tradicional escocesa en la catedral actual! Un gaitero vestido con el traje tradicional empezó a tocar mientras los invitados entraban en un salón, me imagino que sería el del banquete. Después sacamos fotos en el castillo y en el cementerio. Puede sonar macabro, pero es realmente hermoso. Muchas de las tumbas tienen las cruces celtas y están en el suelo, entre la hierba verde. Una muralla de piedra rodea el camposanto y los restos de la antigua catedral gótica resplandecían con el sol, al lado de las tumbas. Me gustaría estar en un sitio así, al lado del mar, con el ruido de las olas y el viento aullando. Las canciones de We are the Fallen iban sonando en mi cabeza involuntariamente, como invocadas por la atmósfera. Me quedaban 5 minutos antes de volver al bus para regresar y los disfruté allí, en silencio. En el trayecto de vuelta pude apreciar que el pueblo está muy cerca de Dundee, una ciudad grande e industrial. Llegamos a media tarde, hablé con mi madre por el skype y me tiré en cama. Estaba realmente cansada y me quedé dormida.

Al día siguiente, mi tío Óscar me llamó por skype después de comer y hablé con mi familia paterna. Noela y Pablo acababan de llegar de la luna de miel en Cuba, morenos como chamizos! Me hizo muy bien hablar con todos, a pesar de que mi padre estuviese emocionado por “verme” por primera vez desde que marché. Ahora ya no duele, sólo siento un gusto enorme por poder ver a mi gente, aunque sea a través de una pantalla. Analía me dijo que siempre tiro hacia adelante, que lucho por lo que quiero y tiene razón, supongo que esa actitud es la que me hace ir adaptándome. Me gusta estar aquí, me siento bien conmigo misma. Sé que estoy dejando muchas cosas atrás, pero no me arrepiento de haber tomado esta decisión. Estoy descubriendo cosas sobre mí misma y sobre los que me rodean que me hubiese sido imposible de ver sin una distancia, pero lo mejor de todo es que estar aquí me hace valorar lo que tengo.

lunes, 25 de octubre de 2010

Capture the Flag, partido y Stonehaven

Aquel lunes no sé cómo conseguí levantarme de la cama, las sábanas se me pegaban. Era la consecuencia directa de dormir bien poco después de la cena española de la noche anterior. En la clase de Norteamericana me llevé una sorpresa: la mujer bajita y de voz aguda que nos daba clase había desaparecido. En su lugar estaba un hombre calvo, de unos treinta y largos, bastante simpático. A día de hoy ella me sigue gustando más. Esa tarde Charlie y Mark, dos de los chicos de la pandilla, habían organizado un juego en Seaton Park llamado capture the flag Nos reunimos en su piso para pintarnos las caras de azul o rojo y después de formar un ejército de orcos y wargos, nos dirigimos al parque. Habían estado cosiendo y dibujando dos banderas, una para cada equipo. El juego consiste en proteger tu bandera e ir a por la enemiga y traerla a tu campo. Además, el placaje está a la orden del día (vamos, que todos podíamos tirar al suelo a todos). El sol se ocultó entre las altas torres de la iglesia cercana y después de una hora corriendo por el parque a oscuras y con un frío mortal, el juego se terminó. Ganamos por goleada! Al llegar al piso de Charlie, unas filloas nos estaban esperando de cena.

Martes día tranquilo, pachanguero. Esa tarde-noche se jugaba el partido Escocia-España, así que imaginaros el revuelo que se armó en el Watering Hole. Los camareros por cada gol que metiese Escocia daban una pinta gratis, pero los españoles nos quedamos sin ellas. Primero tomamos un donuts con café, nos unimos al grupo de los españoles de chachareo y llegamos para ver el final del partido. La que tenían allí montada…y luego dicen q no son Hooligans! Pues aunque no éramos tantos, nuestros gritos se elevaron por encima de su barullo, celebrando cada intento de gol. Estuvo reñido hasta el final, pero España marcó el último tanto y el jaleo se multiplicó. Encontramos a las chicas del piso y a los chicos y se unieron a la fiesta hasta que cerró (a la una, vamos). Celi y las chicas marcharon al centro de fiesta y yo me quedé con los españoles por las residencias. Fue una noche interesante, acabé en el edificio de enfrente tomándome un capuccino en una taza de guinness a las tres de la mañana con un eslovaco y uno de los españoles, hablando de cómo nos iba con el inglés.

Al día siguiente teníamos una nueva cita con la esgrima. Además, esa noche sí salimos por el centro. Fue mucho más duro de lo que imaginaba y me decepcionó un tanto. Nos lo habían vendido como “curso para principiantes”, para gente que no había tocado una espada en su vida, y nos encontramos rodeadas de gente que ya llevaba varios años con ese deporte, incluso algunos del nivel avanzado. Fue una locura!! Nos pusieron por parejas y.. En garde! Hasta el entrenador se unió y nos dio un palizón digno de recordar. Pregunté varias veces, estaba completamente perdida y no me hicieron mucho caso. Después de la clase, quedamos de vernos con ellos en un local llamado Revolution, pero Celi y yo estábamos esfameadas, así que hicimos una parada obligatoria en el MacDonals. Una vez en el pub, con música electrónica esta vez, compartieron unos cócteles con nosotras y a las 12 el local nos dio las buenas noches. Continuamos la fiesta en una de las discotecas más famosas de Aberdeen, Liquid. Impresionante, se parece a Oceanna en Cardiff y me trajo muy buenos recuerdos de aquellos veranos con mis chavales. Tiene 2 plantas, una dedicada a la música tecno (Aberdeen es una de las ciudades escocesas más punteras en este tipo de música) y otra dedicada a los `80s. Esa última era mucho mejor y lo pase como una enana. Volvimos a casa en taxi, la cama nos estaba esperando y caí en un sueño profundo. Desde que estoy aquí recuerdo mucho más lo que sueño que en casa, no sé por qué. La otra noche me desperté llorando, aunque no era exactamente una pesadilla. No recuerdo cuándo fue la última vez que algo así me pasó, creo que desde pequeña. Al día siguiente las clases prácticas de literatura fueron una tortura, sigue sin gustarme nada ese hombre, pero qué se le va a hacer. Menos mal que ya acabamos con Moby Dick, creo que no soportaría otra clase más de simbolismo y alegorías con él. Esa noche fuimos hasta el Watering Hole, los españoles siempre andan por allí y quedamos con ellos un rato.

Viernes Celi y yo pateamos toda la ciudad hasta Union Square, un gran centro comercial al lado de la estación de bus y tren. Cogimos un bocata para llevar y a las 2 nos subimos al tren que nos llevaría a Stonehaven, un pueblo costero a unos 20 minutos al sur de Aberdeen. Por la ventanilla se veían acantilados hermosos, prados verdes, pequeñas granjas con sus ovejas y vacas y el ancho mar. Era la primera vez que veía el mar desde que llegué a esta ciudad y lo echaba terriblemente de menos. Estábamos en el tren que iba para Londres y cuando llegamos a la estación, pensé que nos quedaríamos en él… pedazo sistema de apertura de puertas tan chungo y complicado, menos mal que esperaron a que nos bajásemos que si no… Una vez fuera no sabíamos bien a dónde ir, estábamos allí por una recomendación. Nos hicimos con un mapa y echamos a andar, encontramos un bosque y comimos moras ácidas de las silvas. El parque terminaba en un puente, donde un río desembocaba en el mar. El paseo a ras de playa era bonito, había unos chicos jugando en unas pistas de tenis, un par de bares y unas vistas magníficas. La playa era una bahía y a sus pies se elevaban unos acantilados imponentes. Seguimos a orillamar hasta el puerto y me sentí completamente transportada a Meira. El mismo olor, el mismo panorama, los mismos barcos faenando, las nasas… la morriña entró de nuevo en escena, pero la hice a un lado. No era el momento de ponerse triste, sino de valorar lo que tenía ante mí. En lo alto de un acantilado se vislumbraba un monumento, pero cuando nos dirigíamos a él empezó a llover. Corriendo por el puerto, entramos en una taberna marinera. Era un pub típico, con madera y el suelo enmoquetado con el dibujo de un tartán escocés. Pedí una pinta, por fin probé una cerveza escocesa! Era tostada, no estaba mal, aunque a Celi no le gustó. Pasamos tiempo hablando y planeando mientras la lluvia se escurría al otro lado del cristal por el que se veía el puerto. Cuando escampó estaba empezando a anochecer y decidimos ir a ver el centro del pueblo. Después tiramos para la estación de tren y regresamos a Aberdeen. En Stonehaven hay dos castillos que nos quedaron sin ver y volveré sólo por ellos. Iré esta semana con las chicas españolas de clase: Shayla, Masun y Belén. Así que la historia continuará…Al llegar decidimos ir al cine, tenía mono de peli en pantalla grande y en inglés. Vampire suck, solo sirve de coñas, pero lo pasé bien.

Sábado sin novedades y domingo en casa. Como el juego de las banderas fue todo un éxito, decidimos jugar todos los domingos por la tarde. Esta vez se nos unieron otras personas y ganó el equipo rojo. Quedamos más temprano, pero el frío calaba igual. Como siempre, nos lo pasamos como críos!

jueves, 21 de octubre de 2010

Loch Ness, Urquhart Castle, esgrima y Ceilidh



La semana del 4 al 10 de Octubre fue también decisiva porque empezamos a hacer cosas que no habíamos hecho nunca: nuestro primer Ceilidh y la primera clase de esgrima. Las clases se sucedieron sin problema, sólo perturbadas por la somnolencia, que cerraba inconscientemente mis párpados aun estando en primera línea. La comida en el campus está muy rica y nuestra dieta se basa en la italiana, ensaladas y bocatas. Al principio pensaba que acabaría el año doblando en anchura por todo lo que estoy comiendo (ya perdí la cuenta del número de pizzas y donuts), pero toda esa energía la empleamos a fondo en caminar. Sólo cogemos el bus cuando venimos del centro cargadas con la compra de Morrisons, el resto siempre vamos andando a todas partes. Mi madre estaría orgullosa, y lo digo en serio. Lunes dejó paso al Martes, y éste a su vez le cedió su sitio al Miércoles, primer día de esgrima. Era ya de noche, la luz de las farolas iluminaba el camino a seguir. El viento aullaba y se entretenía jugando con las hojas caídas, arrastrándolas de un lado de la carretera al otro. Con la bufanda hasta arriba, nos dirigimos al Sports Village, el pabellón de deportes más grande que vi en mi vida. Baloncesto, esgrima, fútbol, squash, judo y todo tipo de artes marciales, pistas de atletismo, piscina, gimnasio, pilates, yoga y clases de cualquier baile son sólo algunas de las opciones a elegir. Entramos en la clase de esgrima y el entrenador nos hizo empezar a correr y estirar. Como a la primera clase de la semana anterior nos había sido imposible ir, a nosotras y a otra chica más nos enseñaron ese día por separado los golpes básicos, movimientos de ataque y defensa. La posición siempre es con las rodillas flexionadas, así que imaginaros el dolor de piernas después de dos horas así. Si la caminata no nos ayuda, desde luego la esgrima hará maravillas con nuestras piernas!

En el momento en el que tuve un florete en la mano, mi cara se iluminó como una niña pequeña a la que le dan un caramelo. No era nada fácil manejarlo, concentrarse en repartir el peso del cuerpo y equilibrarlo, tener las piernas flexionadas y los pies en determinada posición al mismo tiempo, pero era divertido. Cuando al final de la clase dos de los chicos de nivel avanzado que ayudaban al entrenador empezaron a fintar, me quedé embobada mirando. Mi mente se desató inmediatamente y mi imaginación voló, pensando si algún día yo podría hacer algo así. Quizá deba dejarle las florituras a Jack Sparrow y centrarme en aprender poco a poco. Después de los entrenamientos, los chicos de esgrima salen siempre por el centro, nosotras habíamos ido con ellos la semana anterior, cuando hicieron la primera quedada antes de empezar las clases, pero ese día estábamos cansadas y volvimos a casa. Fue toda una experiencia, no sé cómo definirlo. Hacer esgrima era algo que siempre había soñado, igual que los protagonistas de las historias que leo. Es fantasía mezclada con realidad tal vez, pero ¿no me había propuesto hacer aquí todo lo que nunca había hecho en Galicia? Alguien me dijo una vez que soy como un pajarito que anhela volar y explorar, aunque siempre acabe volviendo al nido. Hace un mes que di el salto y creo que estoy empezando a coger altura, vamos a ver si puedo cumplir mis metas…

El viernes al atardecer en el edificio central de las residencias había una fiesta organizada por la Charity Society: un ceilidh, baile tradicional escocés. Fue lo más divertido que hice desde que estoy aquí, me lo pasé estupendamente! Cuando me fui de intercambio a Irlanda en el instituto ya habíamos hecho un baile parecido, por lo que no era nuevo para mí. Pero de esta vez era mucha más gente y un grupo de 3 músicos tocando en directo para nosotros .En parejas, por grupos de 4 o de 8 personas, en círculo o en fila, los juegos de manos y los saltos se sucedían unos a otros, mientras la música folk sonaba sin descanso. La gente se reía sin parar, mirándose unos a otros para seguir bien los pasos. Cenamos allí comida tradicional escocesa (un guiso de carne), y continuamos bailando sin descanso hasta la Medianoche. A las 8 de la mañana del sábado un bus nos recogió bajo una fina lluvia para llevarnos 3 horas por la carretera hacia Inverness. Nuestro destino era el lago Ness. Celi quedó profundamente dormida contra la ventanilla, yo me amodorré en el asiento, despertando a cada rato. El paisaje era bello: campos y praderas verdes con ovejas y vacas pastando, pueblos pequeños de ladrillo rojo y las iglesias con torres altas de piedra iban quedando atrás. Pasamos Inverness, la capital de las Highlands, y unos 15 minutos más tarde empecé a vislumbrar el azul oscuro del agua del lago, bordeado por el frondoso bosque Caledonio. Su inmensidad me sobrecogió, es como dos o tres veces la ría de Vigo y divide a Escocia en dos. El bus nos dejó en tierra y después de sacar una foto con Nessie, un barco nos esperaba en el muelle. De pie en proa, dejé que el sol calentase mis mejillas y disfruté de las vistas. Era maravilloso, el agua chocaba contra el casco y salpicaba, el viento había amainado y las nubes desaparecieron, dejando el cielo completamente despejado. Mi boca abierta describía las sensaciones que me producía estar allí, observando y engullendo todo a través de los ojos. Después de un paseo y algunas explicaciones sobre el origen glaciar del Loch, su etimología o algunas de sus leyendas, el barco atracó en el muelle del castillo de Urquhart. Una sola palabra… magnífico. Fortaleza del siglo VI, desde los tiempos de St Columba, convertido en castillo en la época medieval, sobrevivió a múltiples batallas entre clanes escoceses, contra los señores de las islas del norte y fue también escenario de las luchas entre jacobitas e ingleses. Medio en ruinas se alza imponente y amenazante, pero habla también de épocas de paz y esplendor para el clan de los Ross. Una hora de visita bastó para más de 100 fotos bien merecidas. El bus nos llevó a unos 10 minutos de allí, a un bosque donde nos esperaba una buena caminata. En cuanto nos pusimos de marcha, mi padre me llamó. Era la boda de mi tía Noela y Pablo y mi corazón deseaba estar allí con todos ellos. Hablé con mis abuelos, con mi tía y hasta con mi prima Sara, a la que tengo muchas ganas de ver. No puedo negar que a pesar del pedazo viaje que estaba haciendo, me embargó una sensación de tristeza por perderme aquel día con mi familia. Mi padre evitó que empezara a cavilar cuando le dije dónde estaba. Sé que a él le habría encantado venir conmigo, así que decidí disfrutarlo por los dos, igual que él lo estaba haciendo en la boda por mí. En el bosque tuvimos una dificultad: el camino estaba cortado por un pequeñito río y la gran mayoría del grupo decidimos atravesarlo descalzos. No se lo recomiendo a nadie, creí ver las estrellas de lo fría que estaba el agua. Eso sí, fueron unas risas. De vuelta al bus todo el mundo se adormiló y las horas pasaron de nuevo. Llegamos sobre las 8 a Aberdeen.

El domingo fue un día tranquilo en casa y por la tarde empezamos a cocinar para la Spanish dinner. Vino Shayla, una de las españolas y entre sartenes y fogones, hicimos 3 increíbles tortillas, un arroz marinero y la famosa tarta de piña de mi madre. Con decir que no sobró absolutamente nada y que se aprovecharon hasta las migas creo que ilustro bastante bien la escena. Éxito completo!