Una nueva semana llegó y con ella ensayos para clase. Es uno para cada asignatura y equivalen al 35% de la misma. Una vez escritos, tendremos que pasarlos por un sistema de la universidad anti-plagio y después enviarlo al departamento de lengua y literatura. Hasta ese momento no había pisado la biblioteca para nada y no está mal. Es un edificio bastante grande con 4 plantas, tiene películas y música además de libros y las estanterías parecen no acabarse nunca. Echamos toda la mañana del martes para buscar los libros que nos hacían falta y acabamos tardísimo. Dato curioso: te dejan llevarte hasta un máximo de 20 libros! Con dos torres impresionantes en nuestros brazos, nos encaminamos al Hub para comer algo. El comedor estaba cerrado, así que cogimos un bocata en el Subway. Allí encontramos a Sven, un alemán muy majo que conocí la primera semana. Él también volvía a la resi y nos ayudó a cargar con los libros. Sólo verlos apilados en mi mesa ya me dio bajón. El miércoles no fuimos a esgrima, yo me encontraba muy cansada y algo choff. Fue una semana particularmente tranquila, en casa, empezando a leer sobre la literatura gótica americana y su estilo narrativo (Irvin y Poe). También tenemos que hacer un project para Norteamericana, las exposiciones serán la última semana de curso. Ese jueves el profesor de prácticas hizo los grupos del project e intercambiamos e-mails. En el mío estamos Celi, Masun y yo con Robin (un chico de Newcastle) y con un chico escocés del que no recuerdo su nombre.
Algo que se me olvidó comentar y que fue muy divertido: mi primer viaje en bus urbano en Aberdeen. El que sale de las residencias al centro es de 2 pisos, siempre es el mismo bus. Celi yo lo cogimos la primera noche que salimos por el centro y subimos al piso de arriba. Nos sentamos en los primeros asientos, con todo el cristal delante. Antes de nada mencionar que el trayecto es bastante complicado, se mete por el campus, por carreteras adoquinadas y estrechas. Íbamos charlando animadamente cuando el bus arrancó como una bala y giró al salir, chocando frontalmente con una pedazo rama importante que se estrelló contra el parabrisas de arriba. Imaginaros el susto que nos pegó y más cuando vimos que el conductor seguía todo tranquilo. No había roto nada, pero no era algo que te esperas. Fue así todo el trayecto, golpeando ramas a su paso, que estallaban una y otra vez ruidosamente delante de nuestras caras, mientras nos reíamos sin parar. Y yo que me quejaba de la forma de conducir de los portugueses… Ese viernes por la noche bajamos al Watering Hole y después de cerrar continuamos por las residencias. Encontramos de nuevo a Matt, el eslovaco que me preparó el capuccino. Estaba con unos amigos y nos los presentó. Fue también una buena noche. Solo una frase… insert coin!!
A la mañana siguiente volvimos a ir de viaje con la International Society, esta vez a un pueblo costero entre Aberdeen y Edimburgo llamado St Andrews.
Con nosotras venían también un grupo de españoles: Belén, Shayla, Miguel, Rosa, María, Itzíar, Laura e Iván. En el bus, me senté en la ventanilla, puse música y miré el paisaje, como siempre. Skillet, We are the Fallen, Paramore, Flyleaf y 30 Seconds to Mars fueron mi banda sonora durante las dos horas de trayecto. Sé que un momento me quedé dormida y cuando abrí los ojos, el sol se colaba por la ventana y a través del cristal pude ver campos preciosos de hierba verde reluciente. El monitor dijo que estábamos llegando. St Andrews es famoso por varias cosas: a pesar de ser un pueblo pequeño, tiene la universidad escocesa más antigua y la 3º de UK, después de Oxford y Cambridge; tiene los mejores campos de golf de toda Escocia y unas ruinas medievales dignas de ver. Las colinas se sucedían unas a otras mientras Tear the World Down iba sonando en mis oídos. Es una melodía apropiada para el sitio, sólo quedan ruinas de lo que fue un imponente castillo, una majestuosa catedral gótica y su cementerio. El Mar del Norte golpeaba con fiereza las rocas desde las que se erigen los restos del castillo y el viento era increíblemente fuerte esa mañana. Los abrigos y las bufandas no bastaban, pero era tan bello que valía la pena. Nos dividieron en 2 grupos y una guía nos llevó por el pueblo, mientras nos hablaba de la universidad (que por cierto, tiene una headmaster mujer por primera vez en la historia), de la Reforma en 1560 por la cual se rompía definitivamente con Roma, las luchas entre católicos y protestantes… tuvimos tiempo libre para comer y tomar un café y hasta vimos una boda tradicional escocesa en la catedral actual! Un gaitero vestido con el traje tradicional empezó a tocar mientras los invitados entraban en un salón, me imagino que sería el del banquete. Después sacamos fotos en el castillo y en el cementerio.
Puede sonar macabro, pero es realmente hermoso. Muchas de las tumbas tienen las cruces celtas y están en el suelo, entre la hierba verde. Una muralla de piedra rodea el camposanto y los restos de la antigua catedral gótica resplandecían con el sol, al lado de las tumbas. Me gustaría estar en un sitio así, al lado del mar, con el ruido de las olas y el viento aullando. Las canciones de We are the Fallen iban sonando en mi cabeza involuntariamente, como invocadas por la atmósfera. Me quedaban 5 minutos antes de volver al bus para regresar y los disfruté allí, en silencio. En el trayecto de vuelta pude apreciar que el pueblo está muy cerca de Dundee, una ciudad grande e industrial. Llegamos a media tarde, hablé con mi madre por el skype y me tiré en cama. Estaba realmente cansada y me quedé dormida.
Al día siguiente, mi tío Óscar me llamó por skype después de comer y hablé con mi familia paterna. Noela y Pablo acababan de llegar de la luna de miel en Cuba, morenos como chamizos! Me hizo muy bien hablar con todos, a pesar de que mi padre estuviese emocionado por “verme” por primera vez desde que marché. Ahora ya no duele, sólo siento un gusto enorme por poder ver a mi gente, aunque sea a través de una pantalla. Analía me dijo que siempre tiro hacia adelante, que lucho por lo que quiero y tiene razón, supongo que esa actitud es la que me hace ir adaptándome. Me gusta estar aquí, me siento bien conmigo misma. Sé que estoy dejando muchas cosas atrás, pero no me arrepiento de haber tomado esta decisión. Estoy descubriendo cosas sobre mí misma y sobre los que me rodean que me hubiese sido imposible de ver sin una distancia, pero lo mejor de todo es que estar aquí me hace valorar lo que tengo.
