sábado, 22 de enero de 2011

Últimos días, Edimburgo y regreso


Una cena española-mejicana y el cumple de Belén fueron el broche final al mes. Tortillas, fajitas, nachos, pollo y mojito fueron los protagonistas de las veladas. Me lo pasé realmente bien!! Ultimando compras de Navidad, cayeron tés y pasta para casa y detalles para las amigas que estuvieron de cumple. Esa última semana en Aberdeen dejó de nevar y, como Shay y yo nos moríamos por ver Edimburgo nevado y el Mercado de Navidad, fuimos con la International Society una vez más. Parada en el castillo que se erige orgulloso ante la ciudad. Unas vistas geniales! Desde su puerta arranca la Royal Mile, arteria principal de la ciudad junto con Princes Street, donde el monumento a Walter Scott vigila a los paseantes. Allí mismo habían colocado los puestos del mercado y atracciones para niños, así como una pista de patinaje sobre hielo. Las tiendas de kilts monopolizaban ciertas calles, haciéndole la competencia a las de whisky por acaparar la atención de los turistas dispuestos a dejarse una buena cantidad de su presupuesto. Con su polémico parlamento y su medio Partenón, desafía las opiniones tradicionales. Para las pocas horas que estuvimos, aun recorrimos bastante, incluso encontramos el Hard Rock Café de casualidad. Las luces del día se escondieron a las 3 de la tarde, mientras tomaban su relevo las estrellas y el azul jugueteaba con los tonos más oscuros de su gama. Otra vez 3 horas de bus hasta Aberdeen, despidiendo a la capital escocesa con una sonrisa.

Aun quedaba una semana de clase, pero no era necesario acudir. Encontramos buena combinación de aviones y nos vinimos el 14 de diciembre. Además, yo tenía un motivo importante: quería estar el 18 en casa para sorprender a Cris el día de su cumple. A ella le había contado que llegaría el 20 y nos veríamos el 23 en la cena de clase de Navidad, pero prácticamente todo el mundo sabía la verdad. Me recogió mi padre y dormí en Santiago. Tenía tantas ganas de verlo…. Al día siguiente empecé con papeleo de becas y quedé con Analía. Por fin conocí a Goran! Hay veces que no te das cuenta de lo mucho que te hace falta alguien hasta que lo abrazas, eso me pasó aquella tarde. Que ganas de estar con todos! Pero… cómo me recibirían, qué iba a encontrar? Estaba más perdida que cuando me fui… y la reacción de los demás me sorprendió de verdad. Volví al Morrazo y mi madre me esperaba. Era como si no hubiese pasado tanto tiempo, como si me estuviese recogiendo después de una semana en Santiago. Y sin embargo… fue volver a casa. Creo que nunca había sentido una alegría tan grande por ver a mi madre en el coche, esperando con una emoción igual a la mía. Este mes que pasé aquí me sentí increíble, la gente en general me dio una acogida calurosa y cercana. Era mejor que antes. Eso me hizo plantearme lo que hacen sólo unos meses fuera. Chave tenía razón, tengo 2 William Wilson luchando entre ellos. Uno quiere quedarse, reconoce a Galicia como su casa, pero al mismo tiempo el otro quiere escapar, vivir aventuras y conocer otros lugares. Tienen que convivir juntos, solo así podré ser yo misma.

Volví a Santiago con un bienestar en el cuerpo gracias a mi madre y a mi familia. Allí me encontré con todos, más de uno puso cara de gilipollas al verme, todo un golpe de efecto! Vino Lemi también y el cumple fue estupendo. Mis vacaciones estuvieron a caballo entre Moaña y Santiago, la cena de filólogos fue muy divertida e incluso vino Duarte, pero nos faltaba Vane. Sin ella no estábamos completos.

Tuve Santa y Reyes, no puedo pedir más. La generosidad bailaba a mi alrededor y ver a Chave alegró más mis días. Excepto estudiar, hice de todo. Jugué con mis primos, visité a la familia, salí de fiesta con mis amigos, Fin de Año con Tami fue bestial y llegué a ver a Zalo antes de que se marchase a Madrid. Pero no todo fue alegría, también tuve decepciones importantes que se clavaron muy dentro porque vinieron de quien menos me lo esperaba. Qué se le va a hacer, that’s life. Ahora sé quien realmente aprecia lo que hago y lo que soy y quien lo dice solo de boquilla.

Y después de un mes comiendo delicias de mi madre y de mis abuelas, estando unos días enferma en casa, disfrutando de mis vacaciones, aprendiendo y saboreando esa sensación de paz conmigo misma, el 13 de enero me encaminé de nuevo a Escocia. Pero nada de lágrimas, iba contenta. Esta vez ya sabía a qué me enfrentaba y además ahora tengo gente allí, esperando a que vuelva.

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