domingo, 8 de mayo de 2011

Dundee, Perth y Stirling

Marchamos el sábado 12 y cogimos un coche de alquiler todo el finde. Gracias a Selene, que es toda una jefa conduciendo!! Dos días caminando bajo la lluvia y mirando las maravillas que nos ofrecía aquella parte de las Lowlands. Primero llegamos a Dundee con un cielo gris. Un museo espectacular, una gran variedad de edificios altos y locales y un gran puerto reflejaban el carácter cosmopolita de la ciudad. Algo que captó mi curiosidad fueron las estatuas de pingüinos en diferentes partes de la ciudad, puede que tenga que ver con la proximidad del Ártico, pero a saber…. Cuentan con un barco antiguo que trae a la imaginación historias de piratas y corsarios. Las calles principales son grandes y con multitud de tiendas y tiene fama de tener buena marcha, una lástima que no nos quedáramos. Después, tiramos hacia Perth, que a pesar de su río, de su hermoso paseo y algún que otro edificio histórico, es un sitio mucho más triste contrastándolo con Dundee. Otra sorpresa: una iglesia con exactamente la misma arquitectura y estética que el edificio de King’s College en Aberdeen. Entramos en un museo marino y nos pusimos a jugar con los disfraces para niños de la entrada. Las mujeres de recepción nos indicaron el camino a un castillo magnífico en Perthshire, Scone Palace, pero estaba cerrado. Intentamos seguir la valla para ver si se miraba algo desde la carretera, pero nos acabamos perdiendo. Buscando un sitio para dar la vuelta, acabamos en una propiedad privada. ¡Y qué casa! Mi imaginación se disparó y mi curiosidad ganó la batalla. Los convencí para echar un vistazo y dar una vuelta. Quién sabe si sería la casa de un conde…. Regresamos al coche y nos encaminamos hacia Stirling. Llegamos de noche y fuimos a un pub donde una chica cantaba en directo. Aparte de country, cantó Sex on Fire de Kings of Leon. Celi, Selene y yo seguimos de fiesta un rato y volvimos al hostal más tarde. A la mañana siguiente tocó pateo. Mi boca ya no se cerraba de asombro, sin duda alguna Stirling es la ciudad más bonita de las Lowlands. Iglesias y cementerios con simbología masónica, una antigua cárcel convertida en museo, el castillo de Rober the Bruce (uno de los grandes reyes escoceses medievales) y el monumento a William Wallace hacen de Stirling una belleza. A media tarde emprendimos el viaje de regreso (y perdiéndonos un poquito por intentar explorar casi tiramos para Glasgow jejejeje).

La semana siguiente era de relax y planeamos varios eventos. El 16 representaban The Importance of being Earnest, de Oscar Wilde, pero pusieron mal la hora en el evento y quedamos sin verla. Pedazo fail… El 17 Celi y yo después de clase fuimos a ver el musical Jekyll and Hyde. Piel de gallina, pelo de punta y los latidos en la garganta. Era una versión del clásico de Stevenson, pero igual de emocionante. ¡No sabes cómo me hubiese gustado que estuvieses conmigo en ese momento, William! Después de unas espeluznantes 2 horas, ya tocaba celebración porque también era St Patrick’s Day!! El mundo se tiñó de verde y de folk por 24 horas y la fiebre irlandesa también llegó a Aberdeen. Esa noche en el Watering (como en cualquier otro sitio) la Guinness era la reina de la fiesta y los gorros verdes brillaban en la oscuridad. ¡Otra gran noche para la colección!

Pero una vez se acabó todo, tocó encierro otra vez. Mi tercer essay era para el día 25 y me volví a recluir, esta vez con The Strange case of Dr Jekyll and Mr Hyde comiéndome la cabeza. El trabajo era sobre la hipocresía y la represión de la sociedad victoriana en la novela de Stevenson. Eran mis últimos días en Escocia… ¿cómo es posible que el tiempo pase tan rápido y casi sin darnos cuenta a veces? Me iba 3 semanas de vacaciones a casa por Pascua, el 27 de Marzo agarraría 2 aviones y volvería a mi tierra…

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