domingo, 8 de mayo de 2011

Experiencias entre aviones...

La casa estaba en silencio, era domingo a las 8:45 de la mañana. Me vestí, desayuné algo y agarré las maletas. Me despedí de Mischa y me fui en taxi al aeropuerto. Empecé a leer Poe, pero tenía la vista cansada. Poco después, a las 11:30, mi avión despegaba con destino Londres, a Heatrow. Y qué pesadilla de vuelo…. Tres tíos se sentaron detrás de mía, con kilts y gorros. Acento escocés marcado, cada vez me gustaba más. Sin embargo, acabaron con mi paciencia. Tooodo el dichoso viaje a carcajada limpia, tres de cada cinco palabras eran fuckin’ something y me acordé de Trainspotting a más no poder. Para colmo, al otro lado del pasillo se oía a un bebé lloriqueando y protestando. Desde mi asiento no podía verla, pero escucharla era un verdadero suplicio. Me perforó los tímpanos durante una hora. Incluso llegué a pensar si la niña estaría poseída por una Banshee, porque fueron los gritos más agudos q escuché en toda mi vida. Así, después de un aterrizaje que me pareció eterno, me deshice de una maldita vez de los plastas de atrás y del berrinchudo bebe, o eso creía…. Ya en la terminal, iba en busca de mi maleta facturada cuando el de atrás me llamó. Era uno de los 3 Aberdonienses, preguntándome por la salida. ¡Y yo qué carajo sabía, es Heathrow, el aeropuerto más grande de Europa! Total, que les dije que era española y que no lo sabía y el muy guay va y me habla primero en francés y luego me dice ”obrigado”. Tomaaaa… si al final voy a tener pinta de portuguesa y todo. Lo que no me pase a mi en aeropuertos no le ocurre a nadie. Después de la señora que me vació medio paquete de pistachos encima de mi libreta en Luton sin conocerme de nada en Enero, hoy me topé con unos cuantos personajillos. ¡Todo hay que decirlo, gente muy amable! Un chico me guió un poco para coger el tren a la terminal 3 y al llegar, para mi sorpresa, escuche gallego. Dios, no os imagináis la sonrisa tonta que se me puso en la cara. ¡¡Si, volví a casa!! Ya no sabía qué me estaba pasando… a veces tenía ganas de volver y otras no quería dejar Escocia, creo que le estoy cogiendo el gusto a la vida aquí, sobre todo porque sé que es por un período corto y ya casi no me queda tiempo.

Mientras comía me llamó Cris y lo primero que me pregunta es “¿Y dónde estás?” “¡En Londres! Llegaré esta tarde, entra en el tuenti y lee”. No sabes lo que me gustó oír tu voz, es una tontería pero me hiciste sonreír. Para entretenerme tenía música y lectura: The Corrs, Flogging Molly y Jared Leto sonaban mientras leía Los extraordinarios casos de Monseur Dupin. Ya en el segundo avión, el acento coruñés relevaba al escocés. Estaba cansada, tenía unas ganas tremendas de quitarme las botas, ponerme cómoda y tirarme en MI cama. ¡Después de 2 meses y medio volvería a saber lo que es una almohada de verdad! Las horas pasaban y por fin llegamos a Galicia. Primero las maletas y luego… me esperaban ellos. Mi madre y mis abuelos habían venido a buscarme.

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